miércoles, 9 de abril de 2014

A favor de que los trabajadores ganemos la calle Sobre la huelga general del 10 Abril


Las condiciones de trabajo heredadas de los 90 están casi intactas y el deterioro salarial de estos diez años son hechos que el gobierno intenta enmascarar con los valores absolutos del crecimiento económico y la “inclusión social”. La disminución del desempleo durante este periodo no puede ocultar que las ganancias de la gran burguesía han sido incluso superiores al periodo anterior con gobiernos abiertamente neoliberales, creció la productividad del trabajo en condiciones de competitividad, pero la distribución de la riqueza no fue modificada de manera significativa. En este sentido, el deterioro de los salarios producto de una combinación entre precarización laboral y retraso de la relación inflación-recomposición salarial han sido pilar central del “Modelo” fundamentalmente desde la crisis iniciada en 2008. Los recientes conflictos con grandes movilizaciones, como las de los docentes bonaerenses, estatales en varias provincias, docentes que fueron reprimidos en Misiones y Chaco, son muestra de ello y la insatisfacción e inconformidad de la masa trabajadora ha crecido en los últimos meses.
El discurso de apertura de las sesiones legislativas de la Presidenta Cristina Fernández apuntando sus cañones contra los trabajadores, la propuesta de eliminar varios subsidios a servicios públicos sin estatizar, son una demostración de que los grandes déficits de las cuentas nacionales se enfrentan reduciendo el salario y transfiriendo esos recursos a las arcas del gran capital nacional y extranjero. Se le pide “solidaridad” a los empresarios, pero se les exige “subordinación” a los trabajadores que son, una vez más, la variable de ajuste de la economía. Diez años de crecimiento económico sostenido no han cambiado nada.
El uso y abuso de la palabra crisis para cualquier situación no nos debe ocultar que de lo que se trata es de garantizar las ganancias del capital y reducir el salario de los trabajadores. Sea el modelo más liberal o más desarrollista, con sus variantes, tienen en común garantizar el mantenimiento e incluso el aumento de la ganancia capitalista. El problema no es este o aquel modelo sino que el capitalismo no puede dar nada más que explotación a los trabajadores.
En este sentido, era necesario dar una respuesta conjunta de los trabajadores donde pueden expresarse con mayor contundencia y fuerza: la huelga y movilización.
El paro del 10 de abril, convocado inicialmente por las cúpulas de 2 (CGT Azopardo y Azul y Blanca) de las 5 centrales sindicales y ratificado este lunes por la CTA de Michelli, intentan dar una respuesta, con diversos intereses particulares y contradictorios, sobre el mapa general de las necesidad de las masas trabajadoras. En este sentido es una iniciativa que intenta ponerse a la altura de los conflictos de los últimos meses. Aunque en algunos espacios como el Encuentro Sindical Combativo del 15 de marzo cientos de delegados y trabajadores exigieron un paro general a las Centrales sindicales, la convocatoria aparece como espontánea y definida de arriba para abajo, al mejor estilo de la burocracia sindical.
Así, los déficits y contradicciones de este paro se expresan en la casi nulidad de participación democrática para su elaboración (sólo la CTA lo resolvió en plenario de delegados) y en lo ambiguo de las consignas, que entre otras cosas incluyen “más seguridad” en un contexto signado por los tristemente célebres linchamientos y la declaración de la provincia de Buenos Aires en emergencia en seguridad. Estos son hechos que confirman la voz de alarma que hemos dado desde la Juventud Guevarista: tanto las propuestas del gobierno como de la oposición de derecha pretenden actuar sobre los efectos, pero no sobre las causas del problema. El delito organizado que hoy la sociedad argentina sufre, está propiciado por el mismo estado capitalista; la policía, la justicia y la política.
El paro es lanzado sin movilización porque su objetivo es la acumulación de fuerzas de alguna otra variante de la burguesía, como por ejemplo la representada por el reaccionario ex menemista, ex jefe de gabinete K Sergio Massa y compañía, quien se posiciona como el candidato presidencial que puede llevar el “modelo” a buen puerto por derecha.
Las consignas generales y ambiguas confunden y dispersan las fuerzas del pueblo. Tenemos mucho por lo cual parar y movilizarnos: Aumento general de los salarios, en defensa de la educación y la salud públicas, por el 82% móvil para nuestros jubilados, rechazo al ajuste vía tarifazo, absolución a los petroleros de Las Heras.
Asimismo, estamos convencidos de que dos objetivos inmediatos y urgentes para garantizar una vida digna para todos y todas son: La estatización del comercio exterior para disponer de las divisas para la inversión en el desarrollo nacional y el no pago de la ilegal e ilegítima Deuda externa y sus usureros intereses. Esto permitiría frenar el sangrado de divisas fundamentales para resolver los temas más urgentes de nuestro pueblo: el salarial y las grandes obras de infraestructura para el desarrollo integral de nuestro país.
Ya lo dijimos y lo ratificamos: estos objetivos los debemos impulsar con la organización, movilización y todas las formas de lucha de los trabajadores y el pueblo, avanzando sobre los temas centrales de los que el gobierno se queja, pero no resuelve. Este modelo económico y el propio sistema capitalista están mostrando sus límites, por ello la burocracia sindical tiene que convocar a una medida de fuerza que, aunque a su medida, expresa reivindicaciones que hace tiempo se hacen escuchar. El 10 de abril paremos, pero mirando siempre hacia adelante y organicémonos para ganar las calles en el camino de un genuino plan de lucha nacional desde abajo y de los trabajadores.
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